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Historia

 

Las primeras evidencias que tenemos respecto de la existencia del antiguo Navares se remontan a los tiempos de la repoblación cristiana, tras el largo dominio musulmán iniciado en la península ibérica en el 711.

Hasta ese momento la actual provincia de Segovia fue ocupada por Vacceos y Arevacos, dominada por los romanos, invadida por los visigodos y también por los árabes.

Es probable que, desde la antigüedad, existiera un pequeño núcleo de población (citania) en la actual ubicación del pueblo, basando su asentamiento en la actividad ganadera y, en menor medida, en la agrícola y cinegética. También es posible que hubiera algún pequeño asentamiento durante el periodo visigodo, pero son estudios que están por realizar.

Lo que si es claro es que, tras la despoblación del valle del Duero, provocada por la invasión árabe, se produce un primer impulso repoblador cristiano en la Extremadura castellana a partir del siglo X, interrumpido por las expediciones de castigo –aceifas o razias- de Almanzor.  

Tras la muerte de Almanzor (año 1002), se produce un nuevo impulso reconquistador por arte de el conde castellano Sancho García (995-1017),  quien, aun reconociendo la autoridad del rey de León, actuaba de facto de una manera independiente. Sancho García comienza la recuperación de las tierras del sur del Duero combinando la diplomacia negociadora con las acciones militares. Jiménez de Rada enumera entre las fortalezas recuperadas hacia 1011 a Peñafiel, Sepúlveda, Maderuelo, Montejo, Gormaz, Osma y San Esteban

Y tras el periodo inicial de la reconquista, caracterizado por las acciones militares, vino la repoblación, o lo que es lo mismo: el nacimiento o renacimiento –según los casos- de muchos de los pueblos situados hoy en el valle del Duero.

Pero en los siglos X y XI la Extremadura castellana seguía siendo zona peligrosa, por lo que las intenciones repobladoras de los reyes tenían que ofrecer unas condiciones lo suficientemente atractivas como para que los posibles pobladores superaran las reticencias que, en principio, pudieran oponer.

Estas condiciones “atractivas” se van a concretar en un grado de libertad y de autonomía desconocidos en el resto de los dominios cristianos y que se concretaban en el otorgamiento de fueros. El fuero de Sepúlveda, cuyos términos abarcaban a Navares de las Cuevas, es un buen ejemplo de esto.

Del año 1076 data el encargo de Alfonso VI al merino mayor de Castilla, Pedro Ioanes, de repoblar Sepúlveda y su alfoz. Ese mismo año el rey se alojó en Nabares.

En efecto, con motivo de inspeccionar la zona fronteriza y comprobar sobre el terreno la situación de la Extremadura castellana, Alfonso VI se encuentra en la zona al menos desde el mes de agosto del año 1076 y regresa a ella en noviembre tras una breve estancia en tierras del norte. Dos documentos confirman ésta estancia. El primero de ellos revela que la inspección debió ser satisfactoria porque el 17 de agosto, encontrándose en Nabares, otorga al Adab Fortunio y al monasterio de Silos el lugar de San Frutos, cerca de Sepúlveda en las hoces del Duratón, donde años después –hacia 1100- se construiría el priorato y su iglesia cuyos restos aún se conservan. Se trataba de una donación con intención repobladora y en ella se mencionan los nombres de los 26 primeros pobladores de las tierras de Sepúlveda.

En el segundo documento, fechado el 17 de noviembre de 1076, Alfonso VI y su mujer Inés otorgan carta de fuero a Sepúlveda confirmándole el que tuvo en tiempos de su abuelo (Sancho el Mayor) y de los condes Fernán González, García Fernández y Sancho García.

Entre los nombres que confirman el documento de la donación del lugar de S. Frutos figura el de Rodrico Didaz,  por lo hemos de entender que también el Cid Campeador (1047-1099) pisó tierra de Nabares en esta fecha. Otros confirmantes fueron la infanta doña Urraca, hermana del rey y señora de Zamora, Gonzalo Salvadores, conde de Lara, Rodrigo Ordóñez, alférez del rey, etc.

Una iniciativa repobladora similar a la donación del lugar de San Frutos tendrá lugar diez años más tarde en 1086: en un documento conservado en el monasterio de San Millán de la Cogolla se hace referencia a la donación a D. Alvaro, abad de San Millán, por parte del rey, de una serna situada entre el valle del Bálsamo y Nabares y de una casa, con su corral, en Nabares, “donde el abad fabricó luego una ermita”, añade Diego de Colmenares.

Al morir Pedro Ioannes quisieron quitarle la serna al convento y ante la queja del abad al rey, -que se encontraba en río de Espíritu- y el buen testimonio del dominante de Sepúlveda Diego Téllez, aquel confirmó la donación a S. Millán.

 Los repobladores, procedían de las zonas del norte, lógicamente. Señala Colmenares: “....poblaban estos lugares ordinariamente gallegos, asturianos y montañeses, y de tierra de León y Rioja”. En concreto, en esta zona, los pobladores procedían de la zona oriental de la Extremadura castellana: Sureste de Burgos y Soria.

Respecto a la organización jurídico administrativa en las tierras repobladas, el territorio se organizaba en Comunidades de Villa y Tierra a cuya cabecera se situaba la principal población, siendo ésta y su concejo la que dirigía todas las cuestiones de repoblación, incluyendo el reparto de tierras, la creación de aldeas, el aprovechamiento de tierras comunales, etc.

Por lo que a nuestra zona se refiere, Sepúlveda sería la cabecera de un extenso alfoz en el que sin duda se incluía Nabares, el cual es muy posible que se poblara en las tempranas fechas del siglo X.

El Siglo XII. Navares de las Cuevas en el obispado de Segovia.

Durante el siglo XII el alfoz sepulvedano va incrementando sus pobladores y van surgiendo nuevas aldeas, abundantes y muy pequeñas, hasta configurar un mapa muy parecido al actual.

Por lo que a Navares respecta, durante el siglo XII se va a producir un hecho que va determinar su devenir futuro separándose de las aldeas de su entorno:

El 13 de julio de 1154 el rey Sancho III de Castilla, encontrándose en Segovia, va a conceder a la iglesia de Santa María y al obispo don Guillermo de Segovia la villa de Navares -con “v” en el documento- con todas sus posesiones.

Al poco tiempo de su entrada en el señorío del obispado de Segovia, Sepúlveda mostró interés por conservar Navares dentro de su alfoz y el obispo Guillermo se la vendió, sin el consentimiento de su concejo. El 29 de Octubre de 1196 el rey Alfonso VIII, encontrándose en Santa Olalla, falla que se restituya a la iglesia de Santa María y al obispo de Segovia, la villa de Navares.

En el documento de donación se refiere a la “villa de Navares” y no al “lugar” o a la “aldea”, y es sabido que durante la Edad Media no era lo mismo ser una aldea que una villa. En términos generales la diferencia es la que separa la dependencia absoluta de la capacidad para decidir.

Pues bien, en todos los documentos que se conservan a partir de este momento aparece referido nuestro pueblo como “la villa de Navares” (de las Cuevas más tarde). Es posible que la presencia del rollo jurisdiccional en el centro de la plaza se remonte a estas remotas fechas, pues estos monolitos se erguían, entre otras razones, para resaltar la independencia de jurisdicción de los lugares con categoría de villas.

El pertenecer al obispado de Segovia desde 1154 le va a conferir a Navares una peculiar posición respecto de las aldeas de su entorno, pertenecientes como sabemos a la Comunidad de Tierra y Villa de Sepúlveda.

Por una parte, participará en las obligaciones y los privilegios que le sean otorgados por el hecho de pertenecer al obispado, junto a las demás villas de éste señorío eclesiástico.

Por otra, va a estar en cierto modo aislada, jurisdiccionalmente hablado, a la hora de resolver los conflictos que, como buenos vecinos, mantenía con frecuencia con las aldeas limítrofes: Navares de Enmedio, Urueñas, Bálsamos, Castroserracín, etc. Ahora bien, este “aislamiento” se contrarrestaba con creces por la intervención del poderoso defensor –el obispo- al que acudía el concejo cuando la ocasión lo requería. En alguna ocasión llegó a proponer la excomunión de quienes osaban discutir los términos o el aprovechamiento forestal del monte de Navares de las Cuevas.

Cambio de jurisdicción

Más de 400 años permaneció Navares de las Cuevas bajo la jurisdicción del obispado de Segovia, hasta que el 17 de septiembre de 1581 Felipe II, amparándose en una bula de 1574 del Papa Gregorio XIII que le permitía desmembrar las villas y lugares de las iglesias con menos de 40.000 ducados de renta, firma en Lisboa la escritura mediante la cual la jurisdicción sobre Navares de las Cuevas es transferida a D. Cristóbal de Barros y Peralta por una cantidad que ascendía a 1.333.962,5 maravedíes –unos 3.577 ducados-. El cálculo se hizo a razón de 16.000 maravedíes por vecino y teniendo en cuenta que en ese momento había 81,5 vecinos, según la propia escritura, el global ascendía a 1.304.000 maravedíes; el resto es en concepto de las rentas jurisdiccionales que pasaban a pertenecer al señor de la villa.

La transformación de señorío eclesiástico en señorío secular no fue un hecho extraño en la Castilla del siglo XVI. Carlos V y Felipe II realizaron este tipo de operación en muchos pueblos y durante el siglo XVII se siguió por el mismo camino, y todo ello para socorrer las maltrechas arcas de la hacienda del imperio.                           

D. Cristóbal de Barros y Peralta, primer señor laico de Navares de las Cuevas, fue un ingeniero español, natural de Aldea del Fresno -perteneciente en aquella época a la jurisdicción de Segovia- que ocupó distintos cargos de relevancia durante el reinado de Felipe II, entre ellos el de superintendente de Fábricas, Montes y Plantíos de la costa Cantábrica y proveedor general de las Armadas de América, puesto que desempeño hasta su muerte.

Murió Cristóbal de Barros en 1596 y sus restos, junto con los de su esposa Dª Inés Abraldez de Monteser, descansan desde entonces en lugar preferente dentro de la iglesia de S. Mamés bajo sendas losas de piedra. La jurisdicción de Navares de las Cuevas pasó a manos de su hijo, Pedro de Barros y después al hijo de éste, Sancho Nuño de Barros.

El siguiente cambio de jurisdicción del que tenemos noticias se produce a finales del siglo XVII o principios del XVIII, cuando Navares de las Cuevas pasa a manos de los marqueses de Revilla. El catastro del marqués señala, en 1751, que la villa pertenece a D. Toribio de Gasca, cuarto marqués de Revilla.

Es de imaginar que Navares de las Cuevas seguiría perteneciendo al marquesado de Revilla hasta las desamortizaciones del siglo XIX. Así viene reflejado en el Diccionario Geográfico-estadístico-histórico elaborado por Pascual Madoz en 1849. En él al hablar de nuestro pueblo se afirma:

 “...Tiene 53 casas de inferior construcción, distribuidas en varias calles irregulares y una plaza: hay casa de ayuntamiento, un palacio arruinado, propio del Sr Marqués de Rebilla....

 Actividad económica

Durante toda su historia, la actividad económica de Navares de las Cuevas ha sido eminentemente rural, y en éste ámbito la agricultura y la ganadería daban ocupación a la gran mayoría de la población activa. Ambas son actividades complementarias.

Respecto a la agricultura, los cultivos que se sembraban eran los tradicionales en toda Castilla: trigo, cebada, centeno, avena, algunas legumbres como garbanzos, algarrobas, yeros, etc. y cáñamo. Además, judías, cebollas, ajos, etc, y, como no, nabos. La patata era desconocida. La ganadería era un complemento muy notable en la actividad económica de Navares de las Cuevas.

Respecto a la actividad industrial, siempre ha sido muy escasa. Existían eso sí, algunos molinos harineros, batanes, y algunos profesionales como carpinteros, sastres, tejedores, herreros, etc.

A modo de ejemplo, el Catastro del Marqués de la Ensenada, realizado en 1751, nos da la siguiente información: 

La villa estaba formada por 64 casas bajas habitables, 1 palacio y 6 casas inhabitables (respuesta 22), y no había tabernas ni mesones (R-29)

Respecto a los pobladores, en la respuesta 21 se señala que hay en la villa 50 vecinos y ninguno vive en casa de campo y Alquería.  La mayor parte de ellos estaban dedicados a la agricultura y ganadería, pero también había algunos profesionales. La distribución sería la siguiente:

51 labradores, 2 jornaleros, 4 pastores, 2 herreros, 2 carpinteros, 3 sastres, 4 tejedores de lienzos y sayales, 1 tornero, 1 carretero, 1 eclesiástico, el cura párroco, 1 maestro de niños, 3 pobres de solemnidad.

La ganadería existente en 1751 era la siguiente: 81 vacas y 91 bueyes, 23 yeguas, 9 machos y 1 caballo, 21 jumentos y 63 jumentas, 507 ovejas bastas, 253 carneros y 256 corderos, 532 cabras, 57 cerdos y 11 cerdas, 58 colmenas, 1 palomar.

 Respecto a la situación del pueblo durante el siglo XIX, el “Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar” elaborado por Pascual Madoz nos ofrece una nueva instantánea de Navares de las Cuevas hacia 1849. Por su interés reproducimos los párrafos más interesantes:

 “...Tiene 53 casas de inferior construcción, distribuidas en varias calles irregulares y una plaza: hay casa de ayuntamiento, un palacio arruinado, propio del Sr Marqués de Rebilla, escuela de instrucción primaria, común a ambos sexos, a la que concurren 48 niños y 8 niñas, que se hallan a cargo de un maestro dotado de 8 fanegas de centeno, de propios y 48 que satisfacen los padres de los alumnos, 2 fuentes de buenas aguas, una de las cuales surte al vecindario para sus usos, y la otra para labrar, y una iglesia parroquial (S, Mamés mártir) servida por un párroco, cuyo curato es de entrada y de provisión real y ordinaria; hay 3 ermitas, Hortezuela, Nuestra Sra. Del Rosario y S. Roque; el cementerio situado en esta última ermita no perjudica a la salud pública....

Caminos: los que se dirigen a los pueblos limítrofes, en mal estado. El correo se recibe de Sepúlveda por los que van al mercado.

Se produce trigo, cebada, centeno, algunos garbanzos de mala calidad, legumbres, patatas, cáñamo, pastos y leñas; mantiene ganado lanar, churro y vacuno y cría caza de liebres, conejos y perdices, y otras aves.

Industria: la agrícola, 2 molinos harineros y 1 batán de sayales.

Comercio: está reducido a la exportación de los frutos sobrantes para los mercados de Sepúlveda, Riaza, Aranda de Duero y Peñafiel, e importación de los artículos de los que se carece.

Población: 55 vecinos, 465 almas.

El presupuesto municipal asciende a 900 maravedís que se cubren por reparto vecinal.

 Los años 60 y 70. Emigración y despoblación.

Y llegaron los años 60-70. Durante esta década la economía española va a experimentar una importante transformación, pasando de un sistema autárquico a un sistema capitalista.

A nivel regional los desequilibrios creados fueron también importantes. El masivo éxodo rural despobló el campo de Castilla, Extremadura y Andalucía, a la vez que las grandes ciudades y zonas industriales aumentaban espectacularmente su población. El precio pagado por los pueblos castellanos en todo este proceso fue simplemente brutal.

Navares de las Cuevas pierde un 92,6 % de su población entre los años 1960 y 1980. Nueve de cada diez habitantes emigraron a la ciudad. El colapso fue total. Ni en los peores momentos de la peste del siglo XIV o de las epidemias del siglo XVII se había perdido una población similar. Las cifras son muy parecidas en otros muchos pueblos de Castilla y desde luego similares a las de los pueblos que rodean al nuestro.

Y junto a la emigración llegó el desarraigo, la pérdida  de identidad dentro de unas grandes ciudades que no conocían y que les imponía un estilo y un ritmo de vida muy distinto del que habían vivido hasta entonces.

Sin embargo, todo ese proceso también es pasado y los pueblos ahí siguen, despoblados, pero resistiéndose a desaparecer. Pueden parecer abandonados, pero no olvidados. Y conservando  lo más valioso de sí mismos, lo que han tenido siempre: sus monumentos, sus tradiciones, su estilo de vida sencillo y su entorno. Es la mejor base para seguir caminando en la historia sin perder su identidad.  

 Alfredo Martín Bartolomé.